miércoles, 27 de noviembre de 2013

MADAME DE... El cine es movimiento

Ella discute consigo misma. Recorre su habitación, sopesa el amor que tiene por cada uno de los objetos que llenan armarios y cajones. No vemos su cara, escuchamos sus pensamientos en voz alta, y la primera vez que vemos su rostro, es su imagen reflejada en un espejo. Porque así es la existencia de Louise, un espejismo que se nutre de fantasías de niña rica. Hija de su tiempo, vive en un matrimonio de conveniencia que, al fin y al cabo, proporciona la seguridad en jaula de oro que viste y decora su belleza de colección.
Son los objetos los grandes protagonistas de esta historia. Definen a los personajes, marcan su destino, se convierten en los grandes desencadenantes de equívocos y desastres en la vida de los protagonistas. Es con objetos como se nos presenta a Louis, ella misma una posesión como otra cualquiera para su marido, el general de artillería interpretado por Charles Boyer.
Louis vive en un lujo imposible, incluso a espaldas de su marido. Decide deshacerse de unos pendientes para solventar las cuantiosas deudas de su vida a todo tren. Fueron un presente de su marido en la misma noche de bodas, por lo que la venta se transforma en una demostración clara de lo que siente la aristócrata por su matrimonio. Aunque convence al joyero de mantener el secreto de la venta, éste comunica al esposo el negocio que ha cerrado con Louis. El general no muestra signos de enfado o emoción exaltada, si no que decide comprar de nuevo las joyas, como regalo de despedida para la amante de la que se desprende sin demasiadas ceremonias en un vagón de tren. Por cuestiones de pragmatismo y comodidad, nada de amor o sentimientos enfrentados. Pura y dura apariencia, y decoro propio de una relación de conveniencia como la que mantiene con su mujer.
El círculo se cierra cuando los pendientes acaban en manos de un embajador italiano, que se enamora perdidamente de Louis, a la que regala de nuevo aquellos adornos de los que se deshizo meses atrás. Las joyas que había despreciado en aquel momento, se transforman entonces en promesa de felicidad, cambio y aventura. Hasta que el triángulo amoroso, las mentiras y las manipulaciones hacen que Louise comprenda el fatídico resultado de sus acciones.

La historia de amor no daría para mucho más, si no fuese porque esta maravillosa película cuenta con una magnífica labor detrás de la cámara. Max Ophüls consigue su obra maestra gracias a, precisamente, esa importancia de los objetos, el manejo de los espacios, el ritmo en movimiento que imprime a cada plano. Los grandes salones de baile, los suntuosos palacios, los enormes dormitorios, permiten a Ophüls el domino total de los personajes. Las entradas y salidas marcan los cambios en la escena, los secundarios fluyen alrededor de los protagonistas en su propio océano de lujo y reglas sociales. Es tal la fijación del director por el trasiego que la relación entre Louis y el diplomático italiano, interpretado por Vittorio de Sicca, se hace más fuerte de vals en vals, el único momento de intimidad física que realmente comparten los enamorados. Hasta que duelen los pies, hasta que nadie más queda en el salón, hasta que el violinista ejecuta la última nota.
Más movimiento. Las cartas secretas afianzan la amistad que deriva hacia el amor, tan pasional como platónico, a pesar de las negativas iniciales de Louise.
Los interiores son los grandes escenarios de la película, pero es un exterior lo que marca la segunda parte de la narración, dramatismo en natural marcado en el rostro de Louis. Camina por la playa rota por la duda, pero admite el naciente amor.
Aunque por la naturaleza caprichosa y confusa de Louise, sus propias mentiras, la carga de su rol femenino dentro de las cadenas impuestas por su rango social, pronto descubre la fantasía detrás de su ilusión, señalada como mentirosa en un mundo en el que todo el mundo miente, nadie sabe lo que otro hace a sus espaldas, hipocresía como modo de vida. Son los objetos, de nuevo (esos malditos pendientes), los que certifican la destrucción espiritual y física de la joven, sometida a la crueldad de su indolente marido y al desprecio de su amante.
El mismo amor se transforma en objeto. Muta de significado tanto como los propios pendientes, el objeto/deseo/símbolo que sirve de cimientos para toda la narración.
Esta película es uno de esos clásicos que aparecen de manera recurrente en las listas de “mejores películas” de los críticos profesionales. Admito que mi encuentro con “Madame de” ha sido reciente y tardío. De hecho, en principio, un drama sobre suspiros de amor en la alta sociedad, no entra en mis preferencias. Pero las buenas películas están por encima de su contexto, creo. A pesar de que no conecte del todo con las psicologías de los protagonistas, o de sus diálogos un tanto arcaicos, incluso para el decoro que se supone a una historia enmarcada en palacios y embajadas. Su grandeza está en la de un director, en el sentido del ritmo, en la sensación de continuidad y fluidez dentro de enormes escenarios por los que la cámara juguetea elegante con personajes inquietos. Más allá de la eficacia del triángulo amoroso, está lo puramente cinematográfico. En ese aspecto, “Madame de” es una delicia.
Hay que ver lo bien que funciona el blanco y negro, amigos.

@SantiagoNeg

lunes, 25 de noviembre de 2013

DECLARACIÓN DE INTENCIONES

El mundo se divide en dos, Tuco: los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tengo yo, así que ya puedes coger la pala
(Clint Eastwood en "El bueno, el feo y el malo")

Voy a hablar de cosas que me gustan. Alguna vez, me temo, hablaré de cosas que no me gustan. Puede que coincida con lo que te gusta a ti, o no, lo cierto es que me da un poco lo mismo. 

No hago este espacio para complacer a nadie, excepto a mí mismo. ¿Suena pretencioso, egocéntrico o excesivo? Puede que sea así, pero es que considero necesario poner claros los límites. Desde el principio, para que no tengamos confusiones innecesarias sobre lo que sucederá a partir de la siguiente entrada. Con esto quiero decir que no pienso entrar en discusiones absurdas ni en competiciones memas. ¿Te apetece leerme? Estupendo. ¿Tienes una crítica inteligente, argumentada y constructiva? Serás tomado en cuenta. Todo lo demás, se ignorará, y si hay un comentario que no me guste, será borrado con alegría torera. Por si había alguna duda, este blog no es una democracia. 

Hablaré, sobre todo, de cine, lo que yo creo que es una buena película, o justo lo contrario. Es posible que no coincida con las ideas que tú tienes al respecto. Bueno. 

Hablaré de cómics. Porque amo los cómics. En todo lo amplio del concepto.
Libros, de cuando en cuando, porque no es lo mío. Es decir, me gusta leer, pero no considero tener la autoridad o las herramientas como para hacer una buena crítica literaria. Me queda grande, eso es así.
Bienvenidos a mi mundo pues. Si os gusta, estáis invitados a quedaros. Si no, seguid vuestro camino. Porque, en este caso, el revolver lo tengo yo. 

@SantiagoNeg